Por Claudia Arroyo, Directora Ejecutiva, Prospera


El año 2025 ha sido desafiante para nuestra organización y nuestra comunidad. Hemos enfrentado pérdidas de fondos que nos obligan a tomar decisiones estratégicas difíciles para asegurar la sostenibilidad de Prospera en 2026. Como parte de este proceso, algunas de nuestras queridas compañeras no continuarán con nosotros el próximo año: Dani Ancin, de Educación Comunitaria; Ángela Solis, de Comunicaciones; Tania Figueroa, de Programas. 

Quiero ser muy clara: estas decisiones no tienen que ver con el desempeño de ninguna de estas personas, sino con un contexto más amplio que afecta a muchas organizaciones en todo el país: la disminución de fondos debido a retóricas antiinmigrantes y un temor a apoyar iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI). La situación que vivimos en Prospera no es aislada, y refleja un entorno que desafía a todas las organizaciones que defienden la justicia social y la equidad. No somos un caso aislado, somos parte de un síntoma de un daño más grande.

La forma en que decidimos estos cambios también ha sido muy Prospera. Durante casi dos meses, involucramos a todas las compañeras en consultas y procesos colectivos. En varias reuniones, yo, como directora ejecutiva, di un paso atrás para permitir conversaciones abiertas y sinceras, evitando la incomodidad de mi presencia. Somos conscientes de los procesos de poder y privilegio, y aunque nuestra relación es muy horizontal y cercana, honramos siempre la transparencia y la participación real.

Un valor clave durante todo este proceso ha sido la transparencia en la salud financiera de la organización. Desde siempre, en Prospera hemos compartido con todas las compañeras dónde están los números y cómo se manejan los recursos. No hay sorpresas, no hay información oculta solo para la dirección. Esto es parte de nuestra práctica de gobernanza comunitaria y refleja nuestros valores: queremos honrar siempre los principios que nos guían para servir a nuestra comunidad, tanto dentro como fuera de la organización.

El proceso incluyó encuestas individuales, reuniones uno a uno con cada integrante del equipo y espacios de feedback colectivo. Con el apoyo del equipo directivo y escuchando atentamente a todas, identificamos la decisión más prudente para mantener a Prospera fuerte, sin comprometer la dignidad ni el respeto hacia nuestras compañeras. Este camino hubiera sido más corto si la decisión se hubiera tomado unilateralmente, pero eso habría minado la confianza, el cariño y el “fueguito” Prospera que nos caracteriza. Estos procesos son largos, sí, pero inclusivos, estratégicos y fieles a nuestros valores.

Aunque sentimos dolor, también hay apropiación: entendemos que se trata de una decisión estratégica, parte de nuestra resistencia y de nuestra capacidad de seguir adelante pese a los desafíos. Seguimos comprometidas con nuestra misión, con nuestra comunidad y con el cuidado mutuo que nos define.

Aunque esta es una pérdida profunda, seguimos juntas, como un bosque resiliente: cada raíz, cada semilla y cada tronco nos sostiene, y juntas enfrentamos los huracanes, las plagas y los desafíos, con esperanza y pasión por lo que aún está por florecer.

En Prospera sabemos que cada a pesar de esta mutilación, floreceremos más fuertes. Esta pérdida nos duele, pero también nos impulsa a seguir adelante con amor, cuidado y determinación. A Dani, Ángela y Tania: ustedes siempre serán parte de Prospera. Sus raíces están aquí, y su legado seguirá inspirándonos a cada paso del camino. Porque “¡Una vez Prosperadora, siempre Prosperadora!”

Aquí compartimos historias y reflexiones de cada una de las compañeras que se van, destacando sus súper poderes, sus logros y su impacto en Prospera. Queremos que este reconocimiento les abra puertas y oportunidades, y que sepan que siempre contarán con nuestro apoyo, ya sea con referencias, cartas de recomendación o cualquier acompañamiento que necesiten para continuar su camino.


Dani Ancin

¿De qué te sientes más orgullosa de tu tiempo en Prospera, o qué te ha marcado durante tu paso por la organización?

En Prospera, he formado parte de una cultura organizacional ejemplar. En varias de las organizaciones con las que he trabajado, la idea de crear una cultura sana y de cuidado dentro de la organización o no se hablaba, o parecía un sueño inalcanzable. En Prospera no solamente lo hablamos, sino lo vivimos. Vi que es posible tener una cultura de cuidado, donde se respeta la diversidad y la humanidad de las personas. Aprendí cómo se construye diariamente, hasta en los gestos y acciones más pequeñas, desde arriba y desde todos los lados. Me da esperanza para mis futuras colaboraciones y confianza de que Prospera puede navegar las tormentas que vengan y crecer, con sus valores prendidos como un foco.

– Algunos de mis logros personales:

  • Rediseño del sistema de evaluación e impacto;
  • Desarrollo del sistema Salesforce para el manejo de datos;
  • Desarrollo del sistema de capacitación de colaboradores (consultores, mentores, coaches);
  • Liderazgo del programa Facilitación para Liberar[nos], guiando el proceso de capacitación de participantes Prospera para facilitar nuestros programas;
  • Apoyo escribiendo propuestas e informes de grants;
  • Desarrollo de materiales educativos para el programa Comunidades Prospera, que espero dará más sustentabilidad y oportunidades de crecimiento a la organización. 

¿Cómo imaginas tu futuro en este momento?

Quiero seguir apoyando nonprofits en grant writing, monitoreo y evaluación de programas y el desarrollo de materiales educativas mientras desarrollo mis propios proyectos. La Educación Popular me atrajo a Prospera, y quiero que sea mi brújula en todo lo que esté haciendo. Y espero seguir conectada con Prospera.  

¿Cómo has vivido este proceso y cómo te sientes respecto a que, por falta de funding, ya no podamos seguir en el equipo?

Los estragos de esta administración no se limitan a los nonprofits o a la comunidad inmigrante (aunque esta comunidad sea el blanco de la violencia generada por el sistema). Personalmente, me rompe el corazón ver estos impactos y a la vez me da esperanza la forma en que Prospera ha abordado esta crisis – con transparencia, amor y cuidado. Espero que sea un ejemplo para todas nuestras comunidades, de cómo nos podemos cuidar en medio de las verdades difíciles y los cambios que no quisiéramos tener que hacer.


Ángela Solis-Francis

¿De qué te sientes más orgullosa de tu tiempo en Prospera, o qué te ha marcado durante tu paso por la organización?

Me siento profundamente orgullosa de haber sido parte de una organización que camina junto a las emprendedoras, acompañándonos todas. En Prospera aprendí que comunicar no es solo contar lo que hacemos, sino cuidar cómo lo contamos y a quiénes ponemos al centro. Me marcó la confianza que se me dio para liderar, crear y tomar decisiones, incluso en momentos de mucha incertidumbre. Durante mi tiempo en Prospera pude fortalecer una narrativa que pone al centro a las emprendedoras y sus historias, cuidando siempre que la comunicación reflejara los valores de cooperación, resiliencia y bienestar que definen a la organización.

Me marcó profundamente la confianza para liderar procesos creativos, dar forma a campañas, informes y contenidos estratégicos, y responder con agilidad incluso en momentos de cambio o crisis. Aprendí que una buena comunicación no solo informa, sino que acompaña, conecta y sostiene comunidad.

Me llevo el privilegio de haber acompañado historias de resiliencia, cooperación y valentía, y de haber contribuido a que esas voces se escucharan con respeto, belleza y verdad.

¿Cómo imaginas tu futuro en este momento?

Imagino mi futuro con apertura y curiosidad. Este cierre de etapa me invita a pausar, a integrar todo lo aprendido y a seguir caminando con más claridad sobre el tipo de trabajo y de impacto que quiero construir. Sé que quiero seguir contando historias con propósito, acompañando procesos colectivos y poniendo mis habilidades al servicio de comunidades que creen en la cooperación y el bienestar compartido.


No tengo todas las respuestas aún, pero sí una certeza: lo vivido en Prospera me acompaña y me fortalece para lo que viene.

¿Cómo has vivido este proceso y cómo te sientes respecto a que, por falta de funding, ya no podamos seguir en el equipo?

Ha sido un proceso doloroso y complejo, porque no se trata de una decisión personal ni de desempeño, sino de las realidades estructurales que enfrentan muchas organizaciones comunitarias. Hay tristeza, por supuesto, pero también y sobre todo mucho agradecimiento.


Me duele despedirme de un equipo humano al que respeto profundamente, y al mismo tiempo reconozco el cuidado y la transparencia con la que se ha transitado este momento. Me voy con el corazón lleno de lo compartido, con orgullo por el trabajo hecho y con la convicción de que los lazos construidos aquí no se rompen, solo se transforman. 


Tania Figueroa

¿De qué te sientes más orgullosa de tu tiempo en Prospera, o qué te ha marcado durante tu paso por la organización?

Me siento profundamente orgullosa y agradecida de la confianza que mis compañeras, emprendedoras, consultores, mentoras y aliadas depositaron en mí. Esa confianza me permitió explorar ideas, cuestionar lo cotidiano, proponer nuevas formas de acompañamiento y comunicar desde mi verdad. Gracias a eso pude entregarme con honestidad, presencia y cariño al trabajo con las mujeres de nuestra comunidad.

En estos cuatro años, como Entrepreneur Success Coordinator de los programas de alto contacto, tuve el privilegio de observar, testear y modificar no sólo los contenidos, sino también los ritmos y las formas en que entregábamos estos programas. Ese trabajo de iterar desde la escucha profunda llevó a que el acompañamiento generará un impacto real en las emprendedoras, en sus familias y en Prospera como organización.

Me enorgullece ver crecer no solo los negocios, sino a las mujeres mismas: cómo hablan desde un lugar más firme, cómo nombran desafíos con claridad, cómo se permiten aprender, equivocarse y sostenerse en comunidad.

Haber podido ofrecer mi manera, esa mezcla de estrategia, conciencia, deconstrucción y amor dentro de un trabajo que lucha por la independencia económica colectiva y la coherencia con los valores, ha sido un regalo.

Me llevo en el corazón la generosidad del equipo, su capacidad de contener y sostener incluso en los momentos más inciertos. Lo que vivimos en este proceso complejo reafirma algo que siempre he admirado: Prospera no solo escribe sus valores en un website; los encarna, los vive y los practica cada día.

Aquí confirmé que trabajar con mujeres inmigrantes no es solo mi vocación: es parte de mi lugar en el mundo.

¿Cómo imagino mi futuro en este momento?

Mi futuro se siente como un territorio abierto: incierto, sí, pero fértil. Tomaré unas semanas para volver a mí, a mi familia, a lo que hace que mi corazón sonría; para escribir con calma, tocar mis emociones más profundas y honrar este tránsito.

El trabajo con mujeres, organizaciones y pequeños negocios continúa. The Next Forty — atelier de liderazgo consciente es el espacio donde todo lo que soy se entrecruza: diseñar liderazgo con integridad, crecer con equidad y construir culturas que puedan perdurar los próximos cuarenta años. Ese futuro me llama y me sostiene.

¿Cómo he vivido este proceso y cómo me siento respecto a que no podamos seguir por falta de funding?

Lo he vivido desde muchos lugares. Primero, desde una valentía colectiva: todas las conversaciones internas, los cuidados, los intentos de resistir lo establecido han estado llenos de valores, transparencia y coraje. Entremedio, claro, hubo incertidumbre, tristeza, rabia y también aceptación.

No es fácil dar un paso atrás cuando una trabaja con el corazón abierto. Frustra qué causas tan urgentes sigan dependiendo de ciclos de financiamiento que no siempre honran la profundidad del impacto que generamos. Y, aun así, acepto que a veces nada se quiebra: simplemente se mueve para llevarnos a otro lugar.

No me voy con enojo, pero sí con una mirada crítica: ojalá el ecosistema de funding comprendiera que el trabajo con comunidades inmigrantes necesita continuidad, no parches temporales.

A nivel personal, me voy agradecida y conmovida. Siento duelo, pero también dignidad. Y sé con absoluta claridad que lo que construí aquí, las relaciones, la experiencia, la certeza del propósito no depende de un contrato.

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